Hola de nuevo!
Más de un mes sin escribir. Sí es verdad, es un huevo, pero la costumbre en este país es la de hacer las cosas con muuuuucho tiempo. Y como me estoy adaptando…. Pues eso que estoy desarrollando mucho mi paciencia. Prueba de que se toman las cosas con paciencia es que están en el año 1429. Que digo yo que ya podrían aprender de los beréberes que están en el 3000 y pico (pero ellos se toman las cosas con tiempo)
El caso es que todo esto viene a cuento de por fin he hecho la mudanza. Y no es que haya decidido cambiarme los calzoncillos (creo que todavía me aguantan un par de mesecitos más sin forzar xDD ) Si no que ya estoy viviendo en mi nuevo piso con casi una habitación. Digo casi porque todavía no tengo ni armario ni mesa. Pero como me han dicho que esta tarde me lo llevan, creo que para dentro de un par de semanitas o tres ya podré guardar mi ropa en algún lugar que no sea la típica silla-armario que todos hemos utilizado en momentos más tristes.
La verdad es que ha sido un auténtico infierno el hacer la mudanza. Pero ha merecido la pena porque ahora tengo una casa la mar de bonita por cuya ventana se ve la mar también la mar de bonita (qué bonito!)
Todo empezó con la sana e inocente intención de buscar un techo donde dormir. Para ello Inma, mi compañera de piso, y yo contactamos con una inmobiliaria. Una inmobiliaria es un tío que conoce casas y te las enseña (Amin, en nuestro caso). No hace falta mucha infraestructura para ser agente inmobiliario, la verdad. Pues el tío nos un montón de casas cutres: un piso 21 sin ascensor, una casa diminuta en un piso muy bajo desde donde se podía oler el humo de los tubos de escape del millón de coches que pasaban a diario por allí,… y el que sería nuestro piso: un apartamento en el piso 10 (base diez, nada de bromas frikis) impresionante con unas vistas espléndidas, recién reformado pero sin muebles. Como nos gustó bastante y tenía cocina, lavadora, calefacción, garaje y ascensor decidimos que pagábamos un poco más y nos ponía dos camas, ocho sillas, un sofá y nos lo llevábamos puesto (sin envolver ni nada)
El caso es que hacer negocios con los juias es como comprar una ensalada de kinder sorpresa. Y el piso tenía ciertas “características ocultas” que se le habrían pasado comentarlas a nuestro querido Amin:
- Sí, tenía cocina, había una habitación que se llamaba así. Pero no había ningún fuego donde poder cocinar.
- También había lavadora. Ahora que lavar no lavaba, por lo que teníamos un pisapapeles de 50Kg en el baño.
- Calefacción. El termostato (nuevo, por cierto) quedaba muy bien en la pared. Es todo lo que voy a decir.
- Con lo del garaje pasaba una cosa parecida. Que te digan que el piso tiene garaje es bastante diferente de que puedas meter tu coche dentro.
- Con el ascensor se puede decir que acertamos. Tenemos el mejor ascensor de todo Argel: sube, baja y no se suele estropear. El único pequeño inconveniente es que sólo para en los pisos impares, por lo que al menos un piso tenemos que subir (porque la tecla del 11 no va y no se puede bajar un piso). Lo dicho, el mejor ascensor de todo Argel (en serio)
Después de casi pegarnos con los del garaje, ducharnos con agua fría, discutir, dialogar, exigir e implorar a Amin para que tuviéramos una casa en condiciones de habitabilidad mínima; decidió llevarnos el tan ansiado sofá y cuatro sillas. Por qué cuatro? Pues porque le pedimos 8 pero eran muchas, por lo que rebajó hasta 6. Pero nuestro despistado Amin entendió que pedimos 6 y que como eran muchas bajamos a cuatro. Así que ahora en nuestro salón hay tres sillas (porque la otra silla es la silla-armario de mi cuarto) y lo que hemos hecho ha sido poner un montón de cojines en el suelo para cuando alguien se quiera sentar.
Cuando ya tuvimos sofá, pensamos que ya estaría a punto de acabar la operación “mudanza del desierto” por lo que llevamos nuestras maletas con ropa y la pata de jamón que no pudimos empezar porque no teníamos cuchillo con el que cortarla y no sé por qué extraña razón a Inma no le parecía bien darle bocados directamente.
De momento, la primera parte de mi mudanza es esa. Ahora me tengo que pirar y no puedo seguir escribiendo. Así que en capítulos posteriores contaré cómo pasamos de tener una casa que parecía en ruinas a tener un hogar acogedor.
Seguiré escribiendo mañana, pasado, el mes que viene,… no sé. Ya sabéis cómo va esto ;)
jueves, 13 de noviembre de 2008
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